Mi mundo, Mis preferidos

El tiempo que no estuve

A veces imagino por un instante que no te has ido y el tiempo se detiene.

O que desanda el camino y recupera las horas y los días en que no estuve. Para poder exprimir cada segundo. Para mirarte despacio y grabar cada gesto. A veces me pregunto cuánto tiempo de mi tiempo pasé contigo, cuánto nos perdimos el uno del otro o cuánto hemos perdido desde que te perdí. Cuáles fueron los adjetivos que no dije y los verbos que no supe.

Así es la muerte: tan sorprendente como ingobernable. Implacable en su ánimo de acabar con la vida de los muertos y la esperanza de los vivos. Invisible y cruel. Inevitable y tan dolorosa que ni el recuerdo ni la imaginación ni el deseo, ni siquiera los sueños, amortiguan la caída cuando se cae en la cuenta de la ausencia.

Por eso solo imagino instantes: tan efímeros que el dolor se hace soportable. Tan pequeños que no da tiempo a gritar, de rabia, hasta que revienten millones de oídos.

Y aún así, aunque sé que no ocurrirá nunca, a veces imagino que sigues estando, y que esperas sentado en casa, leyendo, a que lleguemos. Y que lo coges en brazos, riendo, y paseamos y te cuento qué hago ahora y me miras orgulloso, como el último día.

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